martes, 2 de diciembre de 2014

AUTODETERMINACION contra INDEPENDENCIA


 
[Nota de ODC: la siguiente es una colaboración recibida del compañero e historiador vasco Josemari Lorenzo Espinosa, la cual le agradecemos. Además la consideramos muy oportuna para que contribuya al debate sobre este tema. Por otra parte los artículos de opinión, colaboraciones y convocatorias para publicar que recibimos no tienen que coincidir completa o parcialmente con nuestras posiciones. Solemos publicar lo que consideramos oportuno y amigo aunque no coincida totalmente con nuestras posiciones]

Autor: Josemari Lorenzo Espinosa
Si hay algo en lo que estamos de acuerdo con los partidos comunistas, las izquierdas mas o menos unidas y otras socialdemocracias hispanas, es que existe una cosa que se llama derecho de autodeterminación. Esta cosa, o derecho, se adjudica a los pueblos, o pueblos-nación, que tienen algún tipo de conciencia nacional. Que se sienten impedidos como tales. Y que la piden con buenos modales.

Si partimos de esto, tenemos que aceptar también que donde hay una reivindicación nacionalista de este tipo, hay una previa imposición extra-nacional. Sin la cual no existiría nacionalismo ni partidos nacionalistas.

También estamos de acuerdo, los comunistas y nosotros, en que no hay ninguna razón que justifique la imposición territorial y la negación de otros pueblos, salvo el interés mercantil que pueda tener la burguesía apátrida, por mantener la imposición-negación. Cuyo precedentes remotos son las conquistas territoriales de los feudales y sus adquisiciones patrimoniales. Y los próximos, el ascenso de la burguesía y su necesidad de mercados amplios, unificados y protegidos por un mismo ejército, una misma ley, una única lengua, una misma historia etc..

En la reclamación nacional no hay nada que impida que el proletariado participe y protagonice su propia forma de clase nacional, con un modelo independentista propio, que no coincide con el la burguesía. No hay nada definitivo que demuestre que “los obreros no tienen patria”. Es todo lo contrario. Los obreros tienen pocas cosas. Pero entre ellas hay una que se llama nación, patria, pueblo etc. Claro que no es una patria mercantil o de negocios. No la patria de la burguesía, que en realidad no tiene patria.

Además de su fuerza de trabajo, los trabajadores tienen un lugar que reconocen como propio. Una nación-pueblo que no tiene porqué dejar en manos de ninguna burguesía ni de ningún Estado. Sean estos “propios” o extraños. Los obreros se identifican con ese lugar llamado lengua, cultura, costumbres, leyes, historia propia etc. Y les cuesta renunciar a lo que algunos llaman señas de identidad, solo porque el interés mercantil de la burguesía las haya perdido.

Los partidos comunistas españoles, con toda la buena voluntad que se les quiera suponer, siempre han estado preocupados porque un movimiento social radical como el vasco, antes, y el catalán ahora, en su reivindicación nacional pudieran llegar a alejarse de la lucha general contra el capitalismo. Las discusiones sobre esto son eternas. Vienen de hace muchos años. Aunque sea un temor infundado, porque es radicalmente imposible que los trabajadores con conciencia de clase, tal como los ven los movimientos comunistas a que me refiero, suspendan la lucha social o la abandonen, en favor exclusivo de la lucha nacional.

Por eso los comunistas españoles, bienintencionados, prefieren que los trabajadores vascos, catalanes, gallegos, andaluces, etc. no abandonen el imperio. Cuando lo que no deben abandonar son las reivindicaciones de clase, ni ahora ni después de la independencia. Temen que esto sea una deserción de clase. Y una merma en la lucha que ellos mismos llevan a cabo contra el capitalismo. Su posición es conocida. Otros la han discutido mucho mejor que yo. Pero en lo esencial sigue siendo la misma, desde hace muchos años.

Esta posición, sin embargo, parte de un núcleo vicioso. Tal vez suponen que los trabajadores de las nacionalidades oprimidas tienen menos conciencia social que nacional. No creen, tampoco, en un único colectivo (la clase obrera) que pueda ser sujeto, al mismo tiempo, de la revolución social y la nacional. O temen que la clase revolucionaria, de la periferia de la revolución, pueda ser deslumbrada y absorbida por las burguesías “propias”. Es lo habitual en quien no ha experimentado, como colectivo y como individuo, al mismo tiempo la doble opresión nacional y social, que han soportado vascos, catalanes, gallegos etc. desde los siglos XVIII y XIX.

En este aspecto, los comunistas españoles, suelen ser escasamente autocríticos. No suelen decir nada de su propia vulnerabilidad, ante la burguesía imperialista española. No dicen que estar en contra de las independencias de los territorios ocupados y los pueblos negados, en el marco constitucional español, les coloca objetivamente en el lado de los intereses de las burguesía española, aliada a la vasca, catalana etc. Que son los mas interesados en mantener el imperialismo capitalista actual.

Las izquierdas españolas suponen que los obreros no deben o no tienen que apoyar las independencias de sus pueblos. Pero no dicen que los españoles deberían negar enérgicamente las ocupaciones territoriales de su Estado. Consumadas en los siglos anteriores, en favor de las casas reales y de los intereses de la burguesía. Que deberían discutirlas y pedir la independencia de los territorios ocupados, y pasados por las armas, sin tener que afrontar un incierto referéndum. Porque para decidir su incorporación forzosa y violenta a España, no fueron consultados en ningún momento. Razón por la cual los verdaderos independentistas se oponen a una autodeterminación, en la que se juegan la libertad los pueblos que la han perdido por la fuerza.

En esta contradicción, en que incurren los comunistas españoles, no podemos saber de qué forma el mantenimiento del actual Estado, ocupando una serie de territorios que reclaman la independencia, y donde no hace otra cosa que proteger a la burguesía y su expropiación de plusvalía, puede beneficiar o contribuir a la revolución social y a la emancipación obrera.

Los amigos comunistas españoles, junto a otras izquierdas y diversas socialdemocracias, están seguros que defienden y siempre han defendido el derecho de los pueblos oprimidos, por el capitalismo, a su autodeterminación. Es lo mas que se les ocurre. Y con ello, creen lavar su mala conciencia. Pero inmediatamente, instantáneamente, después de decir o escribir esto, como si quisieran corregir en el acto un pecado de lexa patria, o como si temieran un bastonazo de su “propia” burguesía, aseguran que ellos no son independentistas y que votarían a favor de mantener la “unión”. O sea, de lo que nosotros llamamos ocupación. Por mucho que esta “unión” sea falsa, antinatural y se haya conseguido por las armas, en contra la voluntad del territorio en cuestión. Sobre todo de su clase obrera. Y lo mas curioso es que dicen, sin convencer a los interesados, que el mantenimiento de esa unión involuntaria, violenta y burguesa...beneficia a los obreros.

La contradicciones en que incurren los buenos amigos comunistas españoles, cuando abordan “nuestro” problema nacional, son bastante gruesas. Para terminar, una entre otras, es también la favorita del gran Rajoy. Y es que mientras haya muchos catalanes o vascos, que no quieran la independencia, hay que respetar la ocupación. Rajoy, y nuestros amigos comunistas, evidentemente, no utilizan este lenguaje. Pero tampoco tienen en cuenta los millones de la parte contraria. Solo en Catalunya hay dos millones de independentistas confesos. Según ha dejado claro el 9-N. Pero es que también hay españoles concienciados y revolucionarios, que llegan a decir que, en tanto haya “algunos” (catalanes, vascos, etc,) que quieren seguir unidos a España, ellos se opondrán a la separación.

Esto quiere decir, que con una docena de catalanes o vascos unionistas o españolistas, el derecho de autodeterminación se convierte en una caricatura. Por lo que volvemos al comienzo...Para qué reivindicar algo que no sirve mas que para demostrar que hay “algunos” que no quieren la independencia. Y que por lo tanto, el Estado no la aceptará nunca.

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